jueves, 10 de mayo de 2012

Siempre con una bala bajo la manga

Solía decirme lo fantástico que sería poder ir contigo desarmada, segura, sin la necesidad de buscar salidas de emergencia, supongo que contaba con que me gustaría, con que sería fácil. Niña caprichosa, no creas que no he visto esa ventana reflejada en el espejo, pero por una vez, vas a saber lo que es esforzarse, quizás así salgas de donde quiera que estés.

De nada sirven los espejos

Recuerdo aquella vez que me perdí, recuerdo la sensación de agobio, de no poder parar de llorar, inundando de lágrimas el agujero que la ansiedad, con despiadado hielo, había taladrado en mi pecho. Pero eso no es lo que siento. Y si no estoy perdida, ni estoy aquí ¿donde estoy?