domingo, 20 de noviembre de 2011

Para que haya un principio...

De pronto el fin.
Se suponía que contabas con él, pero en el fondo creíste que sería para siempre...
Es odiosa esa sensación, ese vacío cuando algo se acaba, y se acaba de verdad, un agujero negro justo en el pecho, que lo consume todo, excepto un: ¿y ahora qué?
Tu mente se queda en blanco, decides entregarte a los brazos de la noche, para no pensar, para fingir que nunca ha pasado, malas noticias, no podrás quedarte mucho allí, así que tienes dos opciones, dejar que te arrastre la oscuridad, o que amanezca, con todos los recuerdos fríos que traerá.
Cuando algo está inacabado, el infinito se inclina ante ti, ofreciéndote todas las opciones, todo cuanto puedas imaginar, y es placentero saber que eres libre de desear, de conseguir... Cuando algo se acaba, te absorbe, dejándote solo con la memoria, recuerdos que no valen nada en el mundo del presente, el marcador vuelve a estar a cero, y no tienes ni idea de como empezar de nuevo.
Pero descubrirás que eres más fuerte de lo que parecía, recordarás como respirar, y darás el primer paso, y, si eliges bien, volverás a soñar.

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