domingo, 30 de octubre de 2011

Inconvenientes

Y entonces, tendrás que elegir.
Me dirijo hacia el aeropuerto, tan rápido como el tráfico lo permite, intentando no pensar, no pensar en nada, una tarea difícil. Salgo del taxi, demasiado arreglada, a punto de coger un vuelo que ni siquiera sé a donde me llevará y lo suficientemente obsesionada como para que no me importe.
Como no, ella está esperándome, siempre había pensado que yo era la cabezota.
- Apártate de mi camino,- Digo en tono mordaz, después de todo tengo prisa- no vas a conseguir nada.
Ella simplemente forma una arrogante sonrisa en sus labios, vencidos y cansados. Ambas sabemos lo que va a ocurrir, ganaré, siempre gano, porque solo yo gobierno mi vida.
-¿Realmente estás tan segura?- parece divertida- ¿Acaso no consigo siempre tu arrepentimiento? Una y otra vez, pareces una adicta a tu propio dolor.
-Esta vez es diferente- me justifico, todavía firme.
-Eso dices siempre, pero el caso es que solo lo conseguiste una vez con tus métodos, y esa fue la excepción a la regla cielo, sabes que tengo razón, así que da media vuelta y ahórrate todo esto. ¿O acaso quieres volver al frío, a la compasión, a la humillación y la oscuridad? porque eso es lo que conseguirás si coges ese vuelo. Piensa por una vez, podemos conseguirlo, pero no así.
Comienzo a enfadarme de verdad, una de esas rabietas que cogen los niños al darse cuenta de que sus padres tienen razón. Tragando un poco de orgullo, me giro y deshago el camino. Volvemos a ser una, pero en cuanto baje la guardia, volveré a escaparme

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