domingo, 30 de octubre de 2011

Inconvenientes

Y entonces, tendrás que elegir.
Me dirijo hacia el aeropuerto, tan rápido como el tráfico lo permite, intentando no pensar, no pensar en nada, una tarea difícil. Salgo del taxi, demasiado arreglada, a punto de coger un vuelo que ni siquiera sé a donde me llevará y lo suficientemente obsesionada como para que no me importe.
Como no, ella está esperándome, siempre había pensado que yo era la cabezota.
- Apártate de mi camino,- Digo en tono mordaz, después de todo tengo prisa- no vas a conseguir nada.
Ella simplemente forma una arrogante sonrisa en sus labios, vencidos y cansados. Ambas sabemos lo que va a ocurrir, ganaré, siempre gano, porque solo yo gobierno mi vida.
-¿Realmente estás tan segura?- parece divertida- ¿Acaso no consigo siempre tu arrepentimiento? Una y otra vez, pareces una adicta a tu propio dolor.
-Esta vez es diferente- me justifico, todavía firme.
-Eso dices siempre, pero el caso es que solo lo conseguiste una vez con tus métodos, y esa fue la excepción a la regla cielo, sabes que tengo razón, así que da media vuelta y ahórrate todo esto. ¿O acaso quieres volver al frío, a la compasión, a la humillación y la oscuridad? porque eso es lo que conseguirás si coges ese vuelo. Piensa por una vez, podemos conseguirlo, pero no así.
Comienzo a enfadarme de verdad, una de esas rabietas que cogen los niños al darse cuenta de que sus padres tienen razón. Tragando un poco de orgullo, me giro y deshago el camino. Volvemos a ser una, pero en cuanto baje la guardia, volveré a escaparme

miércoles, 26 de octubre de 2011

Teoría de la cuchara

Qué haces cuando estás hecha un lío, tanto que ya no reconoces ni tu forma de escribir, qué haces cuando se desmorona tu mundo, cuando estás perdida, cuando no confías en nadie, cuando por fin todo es perfecto, y vuelven a hacerte daño, ¿que se supone que debes hacer? Es tan obvio que hasta hace gracia, ser feliz, y divertirte mucho, porque las cosas suceden por algo, y por mucho que te enfades, no puedes doblar una cuchara con la mente, así que maravíllate con saber que lo puedes hacer con las manos.

lunes, 24 de octubre de 2011

Como un soplo de velas

Dejé que se me escapara el aliento entre los dientes, haciendo nubes que, por una vez, no llevaban mensaje, mientras mi cuerpo deambulaba por una de esas calles, torcidas aposta para que parezcan infinitas. ¿Porque siempre estoy andando? Tampoco importa...
Ahora mismo debería estar en el invierno de Madrid, quizás en el otoño de Praga, pero estoy en París, la ciudad donde todo lo que tiene que suceder, sucede, el principio y el final de todas mis historias. Que tonta, me pregunto porqué no puedo dejar de venir aquí. Quizás sean los labios rojos, las luces doradas o esa música en el aire, quizás es que aun no he tirado la toalla después de todo, quizás, solo quizás, empiezo a creer en el destino.

sábado, 22 de octubre de 2011

Seguro que no

La euforia me hace sonreír, reírme a carcajadas de hecho, es genial, maravillosa, la mejor sensación del mundo, o lo sería si tuviese alguna lógica sentirla en este momento, en esta estación de errores, donde, al parecer, he comprado todos los billetes. Solo ida por favor.
Y es que, decir que es lo que quiero, que estaría bien, sería la más fea de las mentiras, entonces, ¿Porque sigo en este andén? Malditas sean las circunstancias que no me dejan ser yo misma, ni pensar con la cabeza fría. Pero bueno, ya que no parezco con demasiadas ganas de hacer el camino a pie, me dejaré llevar, un poco de diversión al margen de la moralidad, seguro que no me arrepiento...

sábado, 15 de octubre de 2011

Buena suerte

Por fin se da cuenta de hacia donde va, de lo que necesita, pero, ¿acaso no es eso lo que siempre ha querido evitar? Seguir una receta, una lista de condiciones, ideas que otros pensaron antes que ella... Supongo que a veces hay que mirar hacia algunas decisiones pasadas, ser crítico y volver a elegir, y lo mas probable es que la nueva respuesta no tenga nada que ver con la primera, porque ya no eres aquella persona, porque cada vez te vas acercando más a lo que eres de verdad, y un día te levantarás, te mirarás al espejo y te darás cuenta de que, a pesar de los defectos, en el fondo no querrías cambiar nada, porque siempre has sido tu, aunque no siempre lo supieras. Y ahora, ahora que por fin sabes hacia donde vas, llega la parte más complicada, porque no conseguirlo te causará un dolor que la ignorancia no proporciona.