viernes, 29 de julio de 2011

Brutto sogno

Me miró con aquellos ojos de gata callejera, abandonada pero feroz, maquillados con el poder que suministra el orgullo. Movió sus labios rojo escarlata, formando palabras con maestría, supongo que eso nunca se pierde, pero carentes de la elegancia que una vez las vistió. Me reí por no llorar, una risa cruel, sentía el sonido atascado en mi garganta, extraño, ajeno... Tanto tiempo viendo a un maestro ejercer su oficio le confieren a una ciertas cualidades que no pensaba desaprovechar. De pronto se volvió diminuta, y de sus ojos resbalaron lágrimas brillantes, borrando el maquillaje, dejando a una niña asustada. Sin darme cuenta bajé la guardia, se me olvidó que esto era una batalla, se me olvidaron los arañazos, los gritos, los años... olvidé, porque ese siempre fue mi trabajo, y me encontré de nuevo con ese lazo, con esas dos niñas cogidas de la mano, con la esperanza...
Un sonido ya familiar cortó el aire, sus ojos se habían vuelto a convertir en lo que siempre serán, dos pozos negros, bajé la vista hasta mi abdomen, la sangre comenzó a brotar al mismo tiempo que su risa, su cara contraída por la satisfacción. Caí de rodillas mientras se alejaba, todavía riéndose. Ni me molesté en intentar llorar, había jugado bien, astuta como siempre, una victoria sin precedentes. Pero ahora no me apetecía pensar en ello, mientras la sangre seguía fluyendo, solo podía ver a aquellas niñas felices, solo quería murmurar aquellas canciones, solo quería imaginar, qué hubiese pasado si hubiésemos sido mejores.

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