jueves, 20 de enero de 2011

Miradas del calibre 22

Solo te pediré una última cosa, no es mucho, espero que me lo concedas:
Mantén el pulso firme cuando dispares...
Bang bang, a partir de entonces todo será cosa mía, bang bang, tus palabras buscarán mi corazón como esas balas, bang bang, ya nada importará cuando golpee el suelo, bang bang, no permitas que tu mano tiemble, bang bang, ese odioso sonido... bang bang.
Se me han cerrado las puertas al club de los optimistas incorregibles, les he llevado a la quiebra. Ahora solo queda una bala en mi cinturón, aquella con la que me apuntaste, una de tantas que no alcanzó su destino.
Pero a pesar de saber que tu revolver aun no está saciado, sonrío, puede que después de todo, no quisieras acertar.

lunes, 17 de enero de 2011

Día 203

Y me vuelvo loca, río, corro, suspiro, sonrío para mis adentros, para mi corazón, encerrado en esa pequeña habitación de cerradura truncada y paredes huecas. Rebusco entre mis pinceles, creo que es marrón lo que busco, aunque el preso haya confesado que son verdes, es difícil saberlo sin que descubras cuan descaradamente clavo mis ojos en los tuyos. Ni siquiera puedo estrechar tu mano, sentir tu calor, ni una mirada me permito, en un burdo intento por aplazar lo inevitable, por intentar no perderme más en mi cabeza. ¿Lo ves? ya me estoy sonrojado otra vez, siempre la misma historia, pronto la lluvia entrará en escena, pero mientras tanto, sonreiré al sol.
Pobre de mi, hoy soy optimista.

viernes, 7 de enero de 2011

Largo domingo de nada

Me descubro como una estúpida, una soñadora sin función, sin fundamento, una ingenua, un corazón roto... Soy aquella consumida por el fuego de un sentimiento que, en su arrogancia, creyó bajo su control. Soy aquella que cantó victoria en tiempos de paz. Hoy me descubro como lo que soy, una sombra gris, que se agarró a torpes esperanzas, que ascendió hasta tocar el cielo con tus palabras, y a quien dejaste caer. Por favor no más gestos amables, no juegues con aquello que ignoras, déjame morir. Ahora firmo esta carta con lágrimas, porque no hay otra manera de finalizarla, a veces desearía poder decirte adiós.