domingo, 19 de diciembre de 2010

Evelyn

Se llamaba Evelyn Jones. Llegó al mundo una fría noche de otoño, casi tan fría como la relación que tuvo con su madre, que duró exactamente 8 meses, 29 días, y 6 horas. Pero no importaba que mamá no estuviera, papá traía regalos siempre que se veían, la navidad era una época bonita... Su abuela la crió en una modesta casa de campo, allí Evelyn fue feliz, mientras aprendía todo lo que aquella mujer tenía que enseñarle sobre la vida, y un par de cosas más. Pero la abuela también se fue, y en la iglesia Evelyn irrumpió con un par de notas clavadas en su guitarra y en su voz de ruiseñor herido, sin duda, así lo hubiese querido ella... De modo que con 14 años y espinas en la nuca, Evelyn se fue a vivir a la gran ciudad, con su padre y las amigas de este, que insistían en regalarle maquillaje y baratijas, y se quejaban de que la niña estuviera siempre tocando con el corazón. Así que Evelyn dejó de tocar, y buscó algo más silencioso con lo que ausentarse del mundo, el dibujo y la fotografía sirvieron bien. Pasaron los años y las amistades, los exámenes, y los recuerdos de quien fue una vez, Evelyn se hizo mayor, estudió una carrera que no le gustaba y se encerró en una jaula gris. A papá lo mató su mejor amiga cuando se enteró de la existencia de las demás, y lo único que su padre pudo hacer por ella en toda su vida pasó a su cuenta corriente. Mamá consiguió ponerse en contacto con ella, las cartas con remite en Canadá decían que la quería conocer. Las reenvió todas. Se casó años después con un sin nombre ni vergüenza ni moral, que demostraba su amor esparciendo flores violáceas por su cuerpo. Cuando le llegó la noticia de su defunción en una pelea callejera, simplemente colgó el teléfono, sin mediar palabra, como llevaba casi toda su vida, y se sentó en el sofá para mirar al infinito. En el trabajo nadie se dio cuenta de su ausencia, siempre había sido un fantasma después de todo. La invitaron a vivir bajo un manto de estrellas y lluvia después de unos meses, lo cierto es que le daba igual... No quedaba ya alma ni corazón que el frío de las calles pudiese rasgar. Un día en una calle extraña, se tropezó con una tienda de música, y no pudo despegar la mirada del escaparate en toda la mañana. Nunca había gastado un solo céntimo de la herencia de su padre, que no era precisamente escasa, puesto que le asqueaba la idea, de modo que decidió tomarlo como préstamo y devolverlo en cuanto le fuera posible. No sabía de que marca era aquella guitarra, ni mucho menos que modelo, simplemente pagó lo que pedían, pero por la amplia sonrisa del dependiente debía de ser de las más caras. Fue tan simple, tan natural sentir las notas bajo sus dedos, que no le pareció que hubieran pasado 13 años desde la última vez que había hecho vibrar su alma de aquel modo. Así, Evelyn decidió que era hora de cambiar.
Evelyn Jones no  murió en su inmensamente hermosa casa de campo, ni con una carrera musical a sus espaldas o infinidad de exposiciones de arte, tampoco en brazos del amor de su vida ni colmada del cariño que sus hijos, sino en las frías calles de una jungla de hierro y vacío... Pero lo que nadie puede poner en duda, es que dejó de ser un fantasma gris para convertirse en lo que era, la más hermosa y resplandeciente de las estrellas, que decidió marcharse porque no podía pedirle nada más ni mejor a la vida; Evelyn Jones murió abrazada a su fiel amiga, con su voz de ruiseñor flotando en el aire, y una sonrisa en los labios.

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