martes, 30 de noviembre de 2010

¿A donde ir?

Se adhieren a mi pelo, espesos algodoncillos de fríos sueños, pronto se fundirán, cuando llegue a casa, mi corazón en cambio seguirá siendo de hielo. Taciturna, intento aun no se qué mirando hacia el oscuro cielo, salpicado por doquier de diminutos puntitos blancos, que se deslizan sumisos hasta alcanzar el suelo. Contra todo pronóstico mi alma se despereza, algo que no aventuró el hombre del tiempo. El invierno se aproxima, devolviéndome el calor que me robó el verano, se despliega una amplia sonrisa guardada en el cajón de las fotografías, mis pies deciden que están hartos de permanecer en el suelo. Huele a Navidad, a corazón anhelante, a rosas y a esperanza. Llevaba mucho tiempo deseando que parase de llover, sin darme cuenta de que la lluvia podía transformarse en algo hermoso. Todo tiene ese toque mágico que aporta esta época del año, o quizás sea el frío que me trastorna el seso. No puedo dejar de mirar por la ventana mientras me termino mi humeante taza de leche y miel... como desearía que nevase un poquito más, y poder salir a inmortalizar este momento, alargar un poco más la nevada, y dejar de pensar en ti al menos unas horas, para poder sentirme en paz conmigo misma.
Hoy he aprendido algo: si quieres acabar un rompecabezas, tienes que perder el miedo a destruir lo que ya habías levantado.

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