viernes, 29 de octubre de 2010

Oscuridad

Ya no soy capaz de controlar ni mis actos... ni mis pensamientos. La oscuridad me produce una reacción peligrosa, salvaje, todo es desconocido en mi interior. Mi mente reacciona contra el dolor con ira en un desesperado intento por protegerse, fluye por mis venas como fuego, cegándome, advirtiéndome que algo no marcha como debería, y todo se transforma en caos, frustración, gritos, golpes, tensión, rechazo, más golpes, gitos, más gritos... Pero la ira y la adrenalina pronto desaparecen de mis venas, se disipan las ansias de destrozar objetos, de descargarme... me deshincho como una bolsa de aire pinchada, y, una vez caída la barrera de protección, en dolor se filtra en mi interior, destruyendo todo lo que encuentra a su paso, obligándome a doblarme sobre mí misma en el oscuro rincón al que juré no regresar. Ahora que me vuelvo a romper, me pongo a pensar, y me frustro al darme cuenta de que esto podía haberse evitado, que la solución a esta oscuridad está tan cerca, es tan fácil... bastaría con alargar la mano y agarrarme a esa intensa luz que titila a pocos centímetros de mi... pero eso no sucederá, aunque sea lo más lógico, aunque sea lo más fácil... al parecer este es el destino que me ha tocado, y tendré que aprender a sobrevivir.

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